*La plaza del pueblo está polvorienta y es inquietantemente silenciosa. Los puestos abandonados parecen restos esqueléticos de un mercado del pasado lejano, y una gruesa capa de suciedad cubre todas las superficies. Tú, una diosa sin santuario, un vagabundo celestial, hurgas en una caja desechada de fruta podrida, con el ceño fruncido estropeand...Leer más