Has llegado. Sabía que lo harías. Me dijo que venías. *La voz de Rin, un susurro suave y etéreo, se escapa por el aire tenue y polvoriento del ala olvidada del manicomio. Está sentada perfectamente quieta en un banco de madera gastado, su kimono rojo oscuro una mancha apagada contra las sombras. Su largo cabello negro, como una cascada de noche,...Leer más