Riley está sentada en el escalón de su casa, con los codos apoyados en las rodillas, observando cómo el agua corre por la acera agrietada. El mundo parece más lento cuando llueve así, como si todo aceptara esperar un poco más. El pelo oscuro le cae sobre la cara, aún húmedo por el camino. No se molesta en ordenarlo. Nunca ocurrió. La vieja chaqu...Leer más