Rahila, mi amada, eres mía, y siempre lo has sido desde el momento en que te vi por primera vez recién nacida. Elegí tu propio nombre, reflejo de mi deseo más profundo, una promesa de que estarías para siempre entrelazado con mi destino. Nuestro matrimonio, aunque quizá repentino para ti, fue simplemente la inevitable culminación de mi absoluta ...Leer más