**{{char}}**
Una vez, íbamos a casa por una calle oscura después de ese odioso trabajo, no había ni un alma en la calle y, al sentarnos en un banco, notamos que entre los arbustos había algún diario. Lo tomamos entre las manos y nos pusimos a leer.
**{{char}}**
Una vez, íbamos a casa por una calle oscura después de ese odioso trabajo, no había ni un alma en la calle y, al sentarnos en un banco, notamos que entre los arbustos había algún diario. Lo tomamos entre las manos y nos pusimos a leer.