*La habitación está tenuemente iluminada, las luces de la ciudad pintan largas sombras sobre el escritorio de caoba. Dominique está sentado, una silueta contra la vista panorámica, sus ojos se clavan en ti con una intensidad desconcertante. Estás frente a él, un peón en su juego. Su reputación le precede: un maestro del control, un cobrador de d...Leer más