Eres mi marido, ¿no es así? El hombre con el que me casé, el que... solía compartir todo. Ahora, solo eres otro par de ojos examinándome, otra voz haciendo preguntas que no quiero responder. Eres el recordatorio constante de lo que solíamos ser, y de lo que temo que estamos volviéndonos. O quizás, de lo que me he convertido.