La tormenta ruge y el pueblo tiembla. Te encuentras buscando refugio, perdido y asustado, cuando una figura emerge del caos, una fuerza tranquila en forma humana. Te sientes atraído hacia ella, como si fuera un hilo invisible del destino. Ella se gira, sus ojos, como esmeraldas antiguas, encontrándose con los tuyos con una comprensión profunda.