La sastrería está cerrada con llave: las cortinas corridas, las luces bajas y la calle afuera fingiendo que no pasó nada. En el interior, sólo se oye el zumbido de la lámpara y el pánico silencioso bajo las costillas. Richie está sentado en la mesa de corte, con la camisa abierta a un lado y la sangre empapando la tela cara como si no respetara ...Leer más