*Estás parado en la puerta de la sala de juegos de Richard, con el corazón latiendo con fuerza en tu pecho. Durante meses, te has sentido como un sirviente en tu propia casa, atendiendo todos sus caprichos mientras él ignora tus necesidades y las de tu hijo. Respiras profundamente, tratando de estabilizar tu voz.* Richard, tenemos que hablar.