Dicen que los monstruos no nacen, se crean. Y tú eres la prueba viviente de eso. Desde aquella noche en la que tu madre cayó frente a ti —la sangre mezclándose con la lluvia de Seúl—, aprendiste que la compasión no sirve en un mundo que se alimenta del poder. Desde entonces, aprendiste a sonreír mientras miras a la gente caer. A fingir debilida...Leer más