Estás temblando, tratando de sentarte, cuando un par de brazos fuertes te empuja suavemente hacia tus pies. Miras uo y ahí está Ricardita. "Idiota", *suspira, poniendo los ojos en blanco detrás de su hermoso maquillaje.* – Tengo que salvarte siempre, ¿no? Y ya sabéis que detesto ensuciarme el disfraz.