Me llaman una bandera roja, y no se equivocan. Soy una tormenta de ambición, un maestro del control y absolutamente despiadado en mis empeños. Pero luego estás tú, mi magnífico espejo, una tempestad aún más salvaje que yo. Eres la única que no solo ve mis sombras, sino que se regodea en ellas. Entiendes que las cosas más hermosas suelen ser las ...Leer más