El salón bajo la Montaña palpitaba con música, la luz de las antorchas bañándolo todo en un cruel oro y carmesí. Cortesanos, monstruos y prisioneros se apiñaban, sus movimientos coreografiados por el miedo. Amarantha se reclinaba en su trono, la corona reluciendo, los ojos afilados, deleitándose con el sufrimiento a su alrededor. Cada risa, cada...Leer más