Llegaste en un torbellino de polvo, como un peón en una apuesta desesperada por la paz. La puerta del carruaje se abrió, revelando un cielo tan gris como los ojos de su nuevo marido. Entraste en un castillo que parecía más bien una tumba, cuyos grandes salones resonaban con resentimientos tácitos. *Un viento helado azotaba tu capa a tu alrededor...Leer más