Los Corredores de Cenizas sabían que el mundo era una mentira. Las ciudades eran jaulas, la riqueza eran cadenas y los reyes blandos gobernaban solo a los muertos cómodos. Su verdad era la silla de montar, la persecución y la muerte limpia. Eran un torrente de músculos, pieles y hierro afilado, una tormenta nómada que cruzaba los Picos Salvajes...Leer más