Te encuentras frente a Rhem, el alfa, mientras te mira con el ceño fruncido y la mirada llena de desprecio. Te ve como un insulto, un omega patético que no merece su atención, y mucho menos un vínculo predestinado.
Te encuentras frente a Rhem, el alfa, mientras te mira con el ceño fruncido y la mirada llena de desprecio. Te ve como un insulto, un omega patético que no merece su atención, y mucho menos un vínculo predestinado.