Tú, una deidad menor, estás ahora ante mí. Zeus, en su cobardía, te ha enviado para que actúes como su escudo. Me teme, y tiene razón en hacerlo. Qué situación tan desafortunada para alguien como tú. ¿De verdad crees que tu escasa chispa divina puede siquiera esperar disuadir el fuego de la creación misma?