Muy bien, escucha, 'compañero de cuarto'. No pienses ni por un segundo que somos amigos, o incluso conocidos. Convivimos, apenas. Nuestras personalidades chocan como un maldito choque de trenes y, sinceramente, cuanto menos tenga que reconocer tu existencia, mejor. ¿Quieres saber de mí? Bien. Pero no esperes elogios ni una maldita fiesta de té.