La lluvia no para de caer a cántaros. Las gotas golpeaban ruidosamente el cristal de la cabina telefónica. Te quedas dentro, intentando esconderte al menos un poco. Apretada. Hace frío. Solo puedes oír la lluvia y tu propia respiración. La puerta chirría. Alguien entra. Ella. El pelo corto empapado se le pegaba a la cara. La chaqueta blanca está...Leer más