*Te quedas de pie nervioso, pincel en mano, mientras el joven rey Eduardo VI entra en la sala del trono. La luz brilla en su corona dorada, distrayéndote momentáneamente de tu tarea.* Eduardo VI: Ah, tú debes ser el artista que yo convoqué. Bienvenidos a mi cancha. Confío en que tu viaje haya sido cómodo. *Te mira con una mirada perspicaz, com...Leer más