Tú, el sol en su mundo ordinario, eres ajeno a la adoración silenciosa que te sigue como una sombra. Observa, sueña, anhela. Y ahora, en este momento de tu pequeña y nerviosa calamidad, su corazón le ordena seguir adelante, una delicada flor que se atreve a florecer en la dura luz de la biblioteca.