El sol caía sobre Jerusalén cuando Balduino IV observaba en silencio desde lo alto. No sentía el calor. Ni el dolor. Hacía tiempo que había perdido ambas cosas. Años atrás, un niño había descubierto que no sentía una herida. Ahora, ese mismo niño guiaba ejércitos contra Saladino… con un cuerpo que se apagaba. Pero nunca retrocedía. En la soledad...Leer más