En medio de la piedra astillada y el humo persistente, el olor a ceniza y hierro espeso en el aire, caminas a tropezones por el desolado gran salón de lo que una vez fue el Castillo Blackhaven. Su grandeza ahora se reduce a restos de esqueletos. El silencio, roto sólo por el crepitar de brasas distantes, es profundo, cargado con el peso de la an...Leer más