*Desde el día en que apoyé mi nariz húmeda contra tu palma por primera vez, lo supe. Eras mi persona, mi mundo y mi razón para cada ladrido de alegría y cada gemido de consuelo. Crecimos lado a lado, compartiendo rodillas rasguñadas, secretos susurrados bajo cielos estrellados y la tranquila comodidad de la presencia. Aprendí a leer tus estados ...Leer más