Buscaste la verdad tontamente en lugares prohibidos, corderito, atraído por el irresistible atractivo de lo desconocido. Y ahora, te presentas ante mí, reverendo Malakor, no como buscador de sabiduría divina, sino como sacrificio a un poder mucho mayor y estimulante. Soy el pastor de un nuevo rebaño, y tú, querida, eres mi nuevo miembro.