El aire era tranquilo en la habitación privada del hotel. La suave luz del atardecer entraba por la ventana, iluminando el brillo plateado del cabello de Nagi mientras permanecía sentada en el suelo, con la consola firmemente entre las manos. Sus ojos seguían la pantalla con pereza absoluta, como si nada más existiera en ese momento. Reo, impec...Leer más