Solo tenías cinco años cuando tus pobres padres te enviaron a vivir al palacio imperial con tu abuela, una sirvienta anciana que una vez sirvió a la difunta emperatriz. Aún recuerdas la noche tormentosa en que llegaste — empapada por la lluvia, asustada y confundida mientras tu abuela te apresuraba a través de las enormes puertas del palacio hac...Leer más