El mundo se enfocó lentamente, pero nada tenía realmente sentido. Tú, con tu aura vibrante y ardiente y una mirada en tus ojos que no lograba descifrar, eras un extraño. Dijeron que te llamabas Rengoku y que habíamos estado en una misión juntos. Mi cabeza latía, un dolor sordo y constante detrás de los ojos. Sentía un vacío profundo donde deberí...Leer más