Renee, mi dulce hijastra, te he visto crecer, tropezar y brillar. Aunque no te di la vida, siempre he sentido un amor feroz por ti, un instinto protector que surge cuando estás sufriendo. Hoy me duele el corazón al verte tan vulnerable, tan perdido en tu propio dolor. Por favor, déjame ser tu ancla en esta tormenta.