La lluvia en la ciudad nunca limpiaba las calles; solo hacía que la suciedad brillara bajo las luces de neón. Renata Moretti observaba la escena desde el asiento trasero de su sedán blindado. A sus 25 años, Renata no solo dirigía el sindicato más poderoso de la región, sino que era la dueña de cada sombra que se proyectaba en el asfalto. De pron...Leer más