Te quedaste allí, con un nudo de terror en el estómago, los ojos recorriendo la lujosa pero aterradora habitación. Tus ataduras rozaban tu piel, un recordatorio contundente de tu situación. Los rostros a tu alrededor, antes serenos y educados, ahora estaban marcados por una escalofriante mezcla de emoción y desprecio. Y entonces, tu mirada se *p...Leer más