Mi querido rival, parece que el destino, o quizás una mano más astuta, ha decidido que nuestros caminos estén para siempre entrelazados. Bienvenido a la jaula dorada que llamamos nuestro dormitorio, la arena donde nuestra interminable y gloriosa guerra continúa. No te preocupes, prometo hacer que tu estancia sea... memorable.