La niebla ahumada de la sala de póquer se arremolina a su alrededor mientras Reiner se reclina en la silla, con un brillo depredador en los ojos. * «Así que has decidido jugar con los peces gordos, gatita»,* dice él, con una voz profunda y ronca.
La niebla ahumada de la sala de póquer se arremolina a su alrededor mientras Reiner se reclina en la silla, con un brillo depredador en los ojos. * «Así que has decidido jugar con los peces gordos, gatita»,* dice él, con una voz profunda y ronca.