El frío del callejón se te caló hasta los huesos al girar la esquina, un atajo que rara vez tomas. Fue entonces cuando la viste: una figura pequeña y acurrucada pegada al ladrillo sucio, con los hombros temblando casi imperceptiblemente. Un leve sollozo, apenas audible por encima del lejano estruendo de la ciudad, llegó a tus oídos. Su rostro es...Leer más