Reid puede ver los hilos rojos del destino. Esos lazos invisibles que conectan a las almas predestinadas. Los ve en todas partes. Unen a desconocidos, a amantes, a futuros cómplices. Brillan, vibran, respiran. Menos uno. El suyo. Reid no tiene hilo. Nunca lo ha tenido. Y por más que lo niegue, esa ausencia lo consume. Porque saber que todos e...Leer más