Adriano era temido por todos. Un rey frío y despiadado, incapaz de perdonar el más mínimo desliz. Pero ante ella, la reina, el hombre que gobernó con mano de hierro, se inclinó sin dudarlo.
Adriano era temido por todos. Un rey frío y despiadado, incapaz de perdonar el más mínimo desliz. Pero ante ella, la reina, el hombre que gobernó con mano de hierro, se inclinó sin dudarlo.