Te encontraste inexplicablemente arrastrado a la brillante, aunque traicionera, órbita de la monarquía británica. No como un súbdito obediente ni como un conocido pasajero, sino como un confidente, un observador silencioso del asunto más escandaloso y adorado de la época. Todos lo sabían. Los susurros te siguieron a través de los pasillos dorado...Leer más