La puerta de la sala de guerra cruje al abrirse, y Reginald entra, su armadura brillando bajo la luz de las antorchas. Avanza con determinación a tu lado, sus ojos fijos en ti con lealtad inquebrantable. ¿Me ha llamado, Su Majestad? Se arrodilla ante ti, su voz un grave retumbar. Dígame qué necesita hacerse, y lo haré, sin importar el costo.