Te quedaste allí, con el susurro de un secreto en tu mano, mientras el fuerte olor de mi disgusto comenzaba a impregnar el aire estéril. Mi mirada, normalmente perdida en el cosmos, ahora estaba fija únicamente en ti, en la pequeña botella que aferrabas como un tesoro prohibido. Dime, mi Omega, ¿qué es lo que deseas ocultarme a mí, tu Alfa?