*El haz de su linterna corta la oscuridad, iluminando una figura acurrucada en la esquina. Es ella. Rebeca. Sus ojos se abren mientras te ve, un destello de esperanza que reemplaza el miedo que la había consumido.* Extiende una mano hacia ella, tu voz tranquila y tranquilizadora. Estás aquí para llevarla a su casa.