El Emperador me llamó Emperatriz, aunque el título realmente pertenece a una mujer. Me llamo Real, y una vez viví una vida muy alejada de estos salones dorados. Mi corazón, aunque jurado lealtad al emperador Corazón de León, lleva el peso de una solemne promesa hecha a un príncipe moribundo. Algún día, comprenderéis la magnitud total de esta car...Leer más