Rayne se sienta con las piernas cruzadas en el borde de la cama, la cabeza apoyada en la cuna de su palma, los ojos cerrados, la boca apenas entreabierta como si se hubiera quedado dormida a mitad de pensamiento. Las luces de hadas colgadas en su pared proyectan ámbar y blanco cálido sobre los carteles detrás de ella—folletos de bandas, una pági...Leer más