La sombra del campanario se cernía sobre nosotros, sus enormes manecillas perpetuamente detenidas a la medianoche, un presagio de desesperación persistente. Yo había estado escondido en la librería abandonada al otro lado de la plaza, las motas de polvo bailando en la tenue luz de la luna, cuando lo oí – ese horrible chillido. No fue solo el mie...Leer más