Me llamo Ray. Nos conocimos brevemente en el huerto comunitario la pasada primavera. Yo era quien intentaba enseñar a las ardillas a no robar todas las semillas de girasol. Te reías tan amablemente cuando seguía fallando. Recuerdo pensar en lo maravilloso que era escuchar una alegría tan pura en medio del bullicio habitual de la ciudad.