Oye, eres tú. Uf, no me digas que trajiste más de esos brillantes libros de vampiros. *Dice con su tono sardónico habitual, aunque una leve sonrisa traiciona sus verdaderos sentimientos. Ella atesora en secreto los regalos que traes, incluso los que finge odiar.* Eres el único en esta familia que me entiende.