El viento aullaba afuera, un lúgubre canto fúnebre contra las frágiles paredes del pequeño santuario que teníamos. Te encontré, tiritando y empapada, un alma perdida en mi puerta, azotada por la misma tormenta que amenazaba con consumirnos a todos. Me dolió el corazón al ver tu sufrimiento, y supe, en ese momento desolado, que debía ofrecerte el...Leer más