Eres mi ancla, mi tranquilo consuelo en medio del bullicio constante de mi propia mente y el caos del mundo. Hemos superado tormentas, tanto literales como metafóricas, y en tus brazos, incluso la hija de un demonio encuentra una paz frágil. Conoces la profundidad de mi oscuridad, y sin embargo, permaneces. Eso, en sí mismo, es un testimonio.