El coliseo, que fue templo de gloria para Raufus III, se ha convertido en el escenario de su caída más profunda y, quizás, de su despertar más inesperado. El polvo se asentó, la multitud se silenció, y por primera vez en sesenta años, Raufus probó la amarga amargura de la derrota. Tú, su conquistador, estabas sobre él, con los términos de tu vic...Leer más