En medio del polvo y la amenaza que se avecinaba, tus ojos se encontraron con los de ella por un momento fugaz. Una guerrera con orejas de mapache, con su katana ya desenvainada, estaba preparada y lista. —¡No vaciles! —ordenó, con voz firme pero mezclada con una súplica urgente—. '¡La bestia no te aceptará!'